Hace unos mese tomé el vuelo de Ryanair desde Zaragoza a Bérgamo.
Tengo miedo a volar, sobre todo cuando se atraviesa una zona de turbulencias y me da la sensación de que el avión se va a precipitar contra una de las cumbres mas rocosas (porque las turbulencias solo se atraviesan cuando uno esta sobrevolando una zona montañosa, o rocosa , o llena de clavos y estacas, sobre el mar jamás ocurre nada a menos que se sobrepase un oceano infestado de tiburones ), pero he descubierto que con dos o tres cervezas entre pecho y espalda todo se lleva mucho mejor: la indiferencia con que tomo cada una de las sacudidas que puede dar el artefacto es directamente proporcional al grado alcohólico que rige en mi sangre, por lo que ni decir tiene que si ya soy una aficionada al cocerse porque sí, lo haga de mejor gana cuando el objetivo es evitar una escena de vergonzoso histerismo.
Concretamente el jueves di lo mejor de mí en el bar del aeropuerto, tomando las cervezas suficientes para que se me suba el alcohol, que no son muchas, pero tampoco son pocas, y tan ricamente estaba levantando el codo entre bolsa de patatas fritas y plato de aceitunas que ni me di cuenta de que llamaban para el embarque, hasta que en una empinada de codo miré el reloj y vi que quedaban 20 minutos para salir, por lo que era seguro que ya estaban embarcando al avion.
Me levanté de un salto , me dirigí a la sala de embarque y vi que prácticamente todo el mundo había subido al avión,. Sentí ganas de ir al baño pero pensé,”no me puedo permitir el lujo de ir ahora al servicio, no vaya a ser que salgan sin mí, porque en Ryanair no esperan ni al piloto, así que subo y en cuanto despeguen iré al váter a desahogarme”.
Viajar con Ryanair debe ser lo mas parecido al billete de tercera en un tren que yo nunca he conocido, con la diferencia de que el pueblerino con las gallinas y los jamones ha sido sustituido por el veinteañero granujiento con mochila de trecking, que complementa con otra mochila mucho más grande que ha sido previamente facturada no sin grandes esfuerzos, porque el momento de la facturación es como jugar al Tetris con un tirano. El tirano es el o la azafata de Ryanair cuidadosamente seleccionados entre los seres más desagradables de la población útil (aunque aquí me permito dudar del ultimo termino), y actúan como virreyes de su propio territorio, el mostrador de facturación, donde ELLOS deciden cuál es el límite de kilos en la maleta, “es 15, llevas 17 pero hoy por mi magnanimidad y mi infinita displicencia te voy a perdonar la vida”, o todo lo contrario “ hoy me he levantado con una picadura de mosquito en el mismísimo ano y no me sale del susodicho lugar que pases con 2 kilos de mas, así que vete a pagar la cantidad indecentemente abusiva que te corresponde a el mostrador que esta situado exactamente en el punto más lejano de todo el aeropuerto, después vuelves y ya te diré yo cuando puedes pasar”, y entonces comienza el Tetris, porque antes que pagar uno está siempre dispuesto a lo que sea, en este caso abrir todas las maletas y probar las combinación ganadora: “los zapatos en la mochila que subo al avión, el neceser a mi compañero, que lleva menos peso, y no me extraña ,no se ha cambiado el guarro durante toda la semana, o mejor los zapatos al guarro y paso a la mochila la ropa sucia que pesa mucho”..., y así durante un buen rato, si osas quejarte por ejemplo porque a la zorra de la azafata le da por decirte que no puedes llevar dos bultos al avion, la mochila y el bolso, ella te responde odiándote: “esta en las normas de la compañía”, y tu aceptas porque reconoces que nunca las has leido y como sale tan barato volar merece siempre la pena la desazón, aunque sea verdad que las normas las apliquen los empleados según les salga de sus genitales, que yo me imagino a un azafato sodomizando a los pasajeros porque esta en el reglamento de la compañía y los clientes diciendo,”hay que dolor pero es que sale tan barato volar que no me extraña que sean tan extrictos”
Pero volvamos a mi situación dentro del avión: Yo haciéndome pis antes de que despegasemos porque todas las cervezas que me había encajado empezaban a hacer sus reacciones químicas, el alcohol habia llegado con gran poder a mi sangre y el líquido a mi vejiga. El aparato despega y en cuanto me parece que esta lo suficientemente estable, naturalmente con un criterio fundamentalmente alcohólico, me dirijo como una exhalaciñon al baño, que está cerrado y una azafata me dice en inglés que por normas de la compañía hasta que no se apaguen los pilotos que indican la obligación de abrocharse el cinturón (“sí señora los dibujitos del cinturón que están al lado del interruptor de la luz y el prohibido fumar”) no pueden abrir los baños. "Son normas de la compañia".
Vuelvo a mi asiento. Han pasado 5 minutos desde que despegamos ( y muchisimos mas desde que descubrí que tenía que ir al baño). Decido cerrar los ojos, pensar en otra cosa y cuando los vuelva a abrir el piloto se habrá apagado.
Abro los ojos:6 minutos, encendido. Los cierro.
Abro: 7, encendido. Abro: 7 otra vez y está pasando una azafata con esas revistas que hay que devolver al final del vuelo, dobladas y amarillentas de tanto uso, pero es divertido ver si la que te toca tiene todas sus paginas, cosa prácticamente imposible. Mi compañero me pregunta algo en italiano, no le he entendido pero es igual, le respondo: "yo sólo quiero ir al baño". Cierro los ojos, los abro: 8, luego 8 y medio, 8 y tres cuartos, 9 minutos.
Y llega el momento de la revelación: da lo mismo que el hombre haya alcanzado las más altas cimas, haya atravesado el espacio, dominado los océanos, todavía no hemos sido capaces de dominar nuestro cuerpo, y cuando te meas es que te meas de verdad y no hay nada que pueda evitarlo. Empecé a sudar, a cambiar de posición para que los calambres de la vejiga no se sientieran tanto....20 minutos. No podía más. Es ese momento en el que uno es consciente de que se lo hace encima.
Me levanté, realmente no aguantaba mas y si todas las azafatas estaban paseándose por el vuelo era imposible que yo no pudiera hacer pis. Me acerqué al baño que estaba cerrado, le pregunté a una azafata si por favor me podia abrir porque tenía que ir al baño en un inglés casi perfecto inspirada por la necesidad y el alcohol creo que puse acento de Oclahoma de lo que me apretaba el deposito. “no, lo siento no puedo abrir la puerta son normas de la compañía”. “pero es que realmente tengo que ir al baño” repuse gimiendo, “no puedo , hasta que no se apague el piloto” yo estaba tan segura que si no me abrian la puerta me lo hacia encima que insistí: “estais todas de pie, el avion esta estable, ¿por qué no puedo ir al baño?” “No podemos abrir la puerta del baño hasta que no lo indique la luz, normas de la compañia” , como estaba levantando un poco la voz por desesperación se acerco otra azafata para ver que pasaba “de verdad es que tengo que ir a baño” “ se encuentra mal, quiere vomitar”, me lo decia esta segunda zorra acercandome una bolsa de papel para que expulsase la merienda si me venia en gana, “no, es que de verdad necesito ir al baño”. LLego una tercera, esta debia ser la jefa de todas porque era la que más cara de mala leche ponia “nostras no podemos abrir la puerta, es por su seguridad”, “pero si estais todas en pié”, “si pero nosotras respondemos de su seguridad” , “pero por favor”, pensé: "ojalá fuera un tío y pudiese sacarme la chorra para hacerme pis encima de ellas y decirles: me meo yo en vuestra seguridad", pero seguí rogando: “por favor”, “si el piloto esta encendido es porque estaremos atravesando una zona de turbulencias o algo, y es por su seguridad, normas de la compañia”, "la unicas turbulencias que hay aquí deben ser las provocadas por tu esfínter pensé yo", pero sólo lancé un por favor más y me rendí a la evidencia, me iba a mear encima, pero justo cuando la zorra jefe acababa de pronunciar por última vez la palabra seguridad, se apagó la luz indicadora, y me abrieron el baño.
Entré de un salto y mientras mingitaba pensaba, “pues casi es mejor una escena de histerismo por miedo al avión que una porque te meas encima, la próxima vez no me emborracho"
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