lunedì 30 novembre 2009

Cocina con Teresa

Dice Jorge Bucay, mi gurú de los libros de autoayuda, de los que soy una aguerrida fan y por eso estoy tan mal de lo mío, que no hay que temer al fracasosino enfrentarse a él, con energía y tesón.
Así que aquí estoy yo enfrentándome a uno de los fracasos mas recalcitrantes de mi vida: "la cocina y yo".

Desde que vine a vivir a Italia he tratado por temporadas de desatar el ama de casa frustrado que vive en mí, y más en estos meses que no tengo nada mejor que hacer, emulando algún capítulo de La Casa de la Pradera que inconscientemente se ha encajado en mi subconsciente, tratando de guisar desde las recetas más sencillas hasta las igualmente sencillas pero más difíciles de leer porque están en italiano.

Tartas, pasteles, galletas, guisados, sopas, ensaladas... el resultado es siempre el mismo: algo incomestible.

Yo mezclo todos los ingredientes, y después los meto en algun recipiente que va al horno, o al fuego, o en muchos casos, como última meta, la basura, ya que cada ingrediente evoluciona por su cuenta, dando una mezcla heterogénea. O dicho de otro modo: tropezones nauseabundos que flotan en algún líquido, porque uno de los componentes era cremoso o ha sudado durante el proceso. Y cuando consigo que se mezclen todos dando una cierta masa uniforme, al menos uno se rebela. Como ayer, que hice un pastel salado de espárragos pero me confundí de hojaldre y lo compré dulce, que asco daba. O algún ingrediente está pasado, o no lo he puesto, o se quema, o se queda crudo, o simplemente no iba en la receta y me he confundido de bote.

Diría que es una cocina anárquica: nada de lo que hay sobre el plato obecede regla establecida salvo una: todo sabe mal. Bueno, tengo que decir en mi defensa que hay una receta que tengo muy lograda y que siempre esta muy rica: la leche con Cola-Cao

Uno podria pensar que son paranoias, que me exigo demasiado a mí misma. Pero pequeños indicios como que cuando alguien viene a casa dice no tener hambre o que desde hace meses siempre me invitan a cenar a su casa los amigos y dicen que la mía está muy lejos, y cuando preparamos cenas en común, pregunto " ¿yo que hago?" me responden: "tú trae el vino", me hacen sospechar que puedo no estar equivocada.
O simplemente el hecho de que cuando Luca se sienta a la mesa, mira el plato, me mira a mí, mira el plato, me mira de nuevo, y gime en un hilillo: ¿podemos dárselo a los gatos?, me da a entender que no tiene ni el valor de intentarlo.
Los gatos estan gordos como tocinos, eso sí, aunque muchas veces les ponemos la comida delante y miran el plato, nos miran a nososotros, miran el plato, nos miran a nosotros y maullan con infinita melancolía, miauuuuuu; que quiere decir: ¿se lo podemos dar a las gallinas?. Éstas son el último eslabón en la cadena alimenticia de Teresa. Son muy agradecidas, nunca decepcionan. Se comerían a sí mismas si llegasen con el pico.

En este país la mayor parte de los encuentros sociales se hacen en torno a la mesa propia. Y lo odio, porque no quiero poner la vida de mis amigos en riesgo. Renuncio. Hoy tengo una invitada a casa y ayer me preguntó si me traía algo, le respondí que no, que lo tenía todo preparado, así que le recomendé que viniera ya cenada

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