Acabo de vivir en todo su esplendor un momento: "Querida Italia", que la vida me regala muy frecuentemente, pero como lo tengo tan fresco porque acaba de pasar lo quiero compartir con vosotros.
Esta mañana he ido a Correos, la fantástica "Poste Italiane", para pagar una multa y enviar un paquete a mi madre porque su cumpleaños es el 26 de noviembre.
Quería enviarle un paquete de considerables dimensiones lleno de las tontadas que hago por rellenar el tiempo: es un ramo de flores de papiroflexia.
Así que me pongo en la fila con mi paquetón y cuando me toca la mujer de la ventanilla me mira escandalizada y espeta: "¿no tendrá pensado enviar el paquete?", quiero responderle "no, se llama Fuffi, es mi mascota y me la llevo a todas partes", pero me controlo y le respondo "sí, esto es correos, ¿no?, y querría también pagar una multa". Me dice: "La multa te la cobro", (solo faltaria), "pero el paquete no te lo puedo hacer yo porque me falta lo necesario".
Y he pensado en ese momento, ¿qué demonios se necesita tener a disposicion para enviar un paquete?, ¿un tirachinas?, a menos que se referiese al hemisferio del cerebro que conecta con el resto del cuerpo.
Pero le sonrío serena. porque tenía tiempo, y ya son años viviendo en este país, tengo callos en la paciencia. Pago la multa y me vuelvo a poner en la fila con el paquete.
Me vuelve a tocar con la compañera de al lado, veinte centímetros de distancia: la misma ventanilla, el mismo material a disposición. Me mira como si le estuviera apuntando con un rifle y me pregunta: "¿ese paquete es para enviar?". De nuevo le quiero responder que no, que es mi marido pero es transformista. Me lo callo y le digo que sí. Me responde: "yo nunca he enviado ningún paquete así que vamos a leer las instrucciones juntas".
La observo, tendrá unos 60 años, y pienso que o es la becaria del asilo y está haciendo unas prácticas, o lleva 30 años trabajando en los urinarios de la oficina para cambiar el papel, porque no me puedo creer que una tipa próxima a la jubilación, en la ventanilla de correos, jamás haya mandado un paquete. Pero lo que hace a continuación me confirma que no me miente.
40 minutos, queridos todos, 40 minutos para mandar un regalo a mi madre. Durante ese tiempo he vivido perlas como no saber calcular el peso neto del paquete porque no sabía cuánto pesan las cajas que ellos venden alli y ni por la recámara del cerebro le ha pasado la idea de pesar una, no saber cómo pegar la etiqueta, preguntarle a la suma sacerdotisa de al lado, la que había escurrido el bulto anteriormente, cómo se rellenaba el informe y ella respondía sacudiendo los hombros "tú hazlo como creas", no saber cómo meter la hoja por la impresora... al menos he salido con la convicción de que jamás llegará a su destino.
Al final, le pregunto, en un acto de masoquismo extremo, cuánto tardan en teoria en llegar los paquetes en Europa. Me mira completamente desencajada como
si le hubiera preguntado quién mató a Kennedy o cómo se forma la masa del cemento. Me responde: "no lo sé, pero ni idea", y le pregunta al as de sotas de al lado, que contesta:"¿un paquete?, ¿llegar?, ¿tiempo?, NI IDEA, pero que ni idea, lo siento, pero, ¿quiere informarse del servicio de telefonía que ofrecemos aqui?"
Mi querida italia, tardaré en acostumbrarme a estas cosas
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