lunedì 30 novembre 2009

Grandes momentos en el Lidl

En estos últimos meses mi vida es divertida y excitante como una fiesta de convento de clausura. Los dias pasan colmándome de experiencias fascinantes como bajar la basura. El aburrimiento, como todas las cosas, cuando abunda agota, y es tal el que me colma, que el momento algido de la jornada, y lo digo en serio, es ir al lidl.

Hoy me he encontrado a mí misma contándole a mi madre, como quien habla de sus vacaciones en las Seychelles, mi compra en el lidl. Ahí me ha saltado la alarma: Teresa estas fatal.

Declaro aquí que comprar en el supermercado es una de las cosas que más me inquietan, sobre todo cuando me toca pasar por el pasillo de los yogures. No sé si será la brumilla que rezuman las cámaras frigoríficas, tanta concentración de bífidus en tan pocos metros cuadrados o el frío helador de la zona, pero siempre siento un vacío existencial cuando estoy en el corredor de los Danones y normalmente llamo a alguien para que me haga compañía al menos telefónicamente en esa desoladora circunstancia.

Pero el Lidl es otra cosa, no es ese lugar frío ni impersonal que llamamos supermercado sino esa jungla donde se aglutinan cajas de cartón vacias, hojas de lechuga descartadas, y botes de conservas desparramados.
Siempre he pensado que si rodase una pelicula futurista sobre la vida humana despues de la cuarta guerra mundial utilizaria el lidl de mi barrio como escenario: cada pasillo es un homenaje a un campamento de refugiados.
Pero lo mejor está siempre en la seccion de las ofertas de la semana, lo tienen todo: son inútiles, de mala calidad, y tienes la completa seguridad de que al menos les falta una pieza.
Yo no hay semana que no compre algo, ademas como siempre quedan solo 3 confecciones, de las cuales dos estan abiertas y destrozadas, la que queda la coges al vuelo antes de que alguien te la quite.

Cuando voy siempre compro algo que no necesito, y que tampoco quiero. El lunes, por ejemplo, me compré una máquina para cocinar al vapor. Llevo tres dias cocinando todo al vapor y hoy he confirmado que me da asco, pero está muy bien, porque ocupa lo mismo que una nave espacial y en mi casa de 40 metros cuadrados era lo que necesitaba.
Hoy a puntito he estado de comprarme una maquina de coser, aunque no sé coser ni ganas tengo, pero ocupa más que la máquina para cocinar al vapor, y estaba tan de oferta. Al final te pasa como en el teletienda: sabes que es inutil, sabes que es caro, pero qué ganas te entra de comprarlo.

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