El otro día paseaba con pareja, vástago y carrito por el centro de Imola y nos cruzamos con un amigo de Luca y su novia. Estuvimos un rato hablando y cuando nos despedimos Luca me comentó: "no sabía que la novia fuese rubia", "Ah, pero es la misma de la otra vez?", respondí. "si, claro, pero se ha cambiado el pelo o el tipo o la cara", "no sé, si la viera de nuevo no la reconocería", y mientras pronunciaba estas palabras pensaba que efectivamente existen las personas transparentes, esa gente que nunca recuerdas si estuvieron en la fiesta o ni si quiera si fueron invitados, de los que nunca recuerdas su nombre o si te los cruzas por la calle y te saludan no sabes si son el dependiente del super, el mejor amigo de tu primo o trabajan en tu empresa.
Seguro que vosotros conoceis a alguien así, y cada vez que coincidis con ellos le preguntais las mismas cosas, mientras ellos te responden tu cerebro presta tan poco interés que las neuronas en vez de transmitir señales eléctricas se comunican en morse y claro, el mensaje queda completamente perdido por el camino, asegurando que la próxima vez te interroges de nuevo cómo demonios se llama y de dónde sale este tío.
Uno se pregunta si los susodichos su madre les reconoce como hijos en casa o cree que son un amigo de visita, o si siempre ganaban de pequeños al escondite sin necesidad de esconderse o que jamás serán despedidos de la empresa por un ERE porque nadie piensa que trabaja allí creyendo que se trate de un consultor externo.
conoceis a alguien transparente?, seguramente sí, no os gustaría a veces serlo?, en fin, en esas cosas pienso mientras doy el biberon
Joanne Rowling escribió una saga completa de 7 libros sobre esa gente transparente. Pero su aparición literaria más reseñable es la que utiliza mi amigo Orwell en 1984. Bendito Winston Smith, invisible hasta que deja de serlo.
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